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Aunque al iniciarse la transición la mayoría de partidos políticos de la izquierda de las Islas crearon grupos específicos para mujeres y llevaron a sus primeros programas electorales las reivindicaciones del movimiento feminista, no fueron los partidos sino los colectivos de mujeres (y por lo que se refiere a Mallorca, la acción individual de éstas), quienes sentaron las bases de la profunda transformación que iba a producirse en todo el país y que treinta años después todavía no se ha completado.
La Assamblea de Dones, el Colectivo Pelvis, Cotorras Alegres, el GAD, libros como el Cuaderno Feminista, revistas como Lluc, manifestaciones como las que se celebraron en Palma tras el asesinato, en 1979, de una guía turística holandesa, la apertura y posterior clausura del primer centro municipal de planificación familiar o la imposibilidad de que cuajara un partido feminista son algunas de las referencias que definen la lucha de las mujeres en Balears.
Las Naciones Unidas eligieron el año 1975 como Año Internacional de la Mujer pero en España, y en Balears, ese fue, sobre todo, el año de la muerte de Franco. Las mujeres ya habían empezado a organizarse antes pero 1975 es una referencia obligada para poner un punto de partida al feminismo.
Con anterioridad se habían constituido en las Islas dos organizaciones “de mujeres” (la Assocciació de Dones Empresarias y, a finales de los sesenta, una asociación de consumidoras, Nuredduna) y aunque la incipiente oposición al franquismo servía de encuentro a las mujeres más comprometidas, sólo después de la muerte del dictador se celebraron dos encuentros decisivos: las primeras Jornadas Feministas de Madrid y , en Barcelona, las Jornadas Catalanes de la Dona. Consecuencia de ambas reuniones fue la creación en Palma de la Associació de Dones de Mallorca.
Aunque la sociedad de Balears, especialmente la de Mallorca es básicamente matriarcal (un dato que siempre se ha utilizado como coartada por parte de la población masculina) , lo cierto es que el año de la muerte de Franco, la realidad insular no se diferenciaba demasiado de la que podía vivirse en otras provincias españolas.
Un informe del gabinete de estudios sociológicos Gadeso, publicado en 1975 y citado por Esperanza Bosch, (Historia de les Dones als Països Catalans) constataba que para un 56% de las mujeres su papel más relevante era casarse y ser una buena madre de familia.
Este era el punto de partida de un movimiento, el movimiento feminista que aun antes de nacer como tal, tuvo que enfrentarse a dos situaciones contrapuestas: de un lado, el inmovilismo de la derecha y, de otro, las dudas de la propia izquierda. ¿Era más importante conseguir la democracia y que se celebraran elecciones o había que ocuparse primero de liberar a la mujer?
La Associació de Dones de Mallorca, a la que se sumaron mujeres de todos los partidos de izquierda, además de sindicalistas, empresarias y profesionales de diversos ámbitos, sirvió ya para afrontar este primer debate.
En ese foro, y a la vez que se discutía su posicionamiento “como mujeres” ante cualquier tipo de movilización de la época, se abordaron todos los puntos de vista y se armaron discursos y estrategias para abordar los retos más urgentes: divorcio, aborto, liberalización sexual, salud y organización política.
Al igual que sucedió en otros puntos del Estado, la propuesta de unificar todo el programa feminista en un solo partido, según el modelo de Lidia Falcón, no llegó a cuajar en las Islas. Unas optaron por la militancia en partidos y otras orientaron su causa a la salud y a la planificación familiar. Todo iba muy deprisa e incluso años después puede sorprender la intensidad de las discusiones e incluso las propuestas para darse a conocer.
Pese a que todos los partidos y después los sindicatos, se apresuraron a formar grupos de mujeres, “las feministas” consiguieron su proyección pública al margen de los partidos, incluso provocándoles. Hay dos ejemplos significativos: el Colectivo Pelvis y Las Cotorras Alegres. No se puede abordar el feminismo de la transición, sin estos dos referentes.
El Moviment Feminista Independent, escisión de otro grupo feminista, es más conocido por el nombre que adoptó su publicación, Las Cotorras Alegres. Estaba promovido entre otras por Teresa Mayol, Dolores Montero y, básicamente, por Teresa Nieto, vinculada a la lucha sindical y que llegó a reunir a 18 mujeres en permanente activismo, entre ellas “tres madres solteras”, según explicaba ella misma en la prensa de la época. “El opresor es el sistema capitalista”, “todos los partidos tienen en este momento un carácter machista”, se explicaba desde una publicación en la que la libertad sexual se presentaba como una necesidad inmediata.
Los dos grupos, el que editaba Las Cotorras Alegres y el otro grupo que surgió casi simultáneamente, el Colectivo Pelvis (que en principio iba a llamarse Colectivo Clítoris) mantenían propuestas divergentes aunque cuando cerró la publicación de Las Cotorras Alegres hubo muestras de solidaridad.
En el origen de Pelvis estaba la mano de Leonor Taboada, periodista argentina experta en salud, que llegó a España en 1973 y que tras pasar por Barcelona y Madrid, se instaló definitivamente en Mallorca, para convertirse en una de las figuras fundamentales del feminismo, no sólo de las Islas sino , en general, de toda España.
Autora del Cuaderno Feminista (1978), había colaborado en Estados Unidos con el Colectivo de Mujeres de Boston, encargándose de la edición para la población hispanohablante, y luego de la versión para España, de la que se considera “Biblia del feminismo”, el libro “Our Bodies, our selves” , en castellano “Nuestros Cuerpos, nuestros Vidas”.
Taboada,; la galerista y activista política, Nini Quetglas; la ginecóloga (en la época, estudiante de medicina) Jimena Jiménez, y la terapeuta Malén Cirerol fundaron el Colectivo Pelvis en 1976, en plena ebullición política y de demanda de nuevos espacios de comunicación. Este colectivo, que años después se reconvirtió en la Associació de Dones per a la Salut y más tarde en la Asociación de Mujeres para la Salud (de ámbito estatal) , puso las bases de lo que luego fue la planificación familiar y la atención integral de las mujeres.
Su primeras reuniones se celebraban en domicilios particulares y el modo de contactar con ellas era el boca a oreja. Mujeres de diferentes estratos sociales acudían a las reuniones en las que, por ejemplo, se enseñaba a las mujeres a observar su vagina con un espéculo y se facilitaba orientación sexual y médica. En el activismo de Pelvis, que no se limitaba sólo a Balears (dieron conferencias por todo el país), y en su modo de actuar está el origen de los centros de planificación que se pusieron en marcha cuando los socialistas llegaron al poder municipal (1979).
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Las feministas del Grupo Pelvis habían irrumpido en la primera campaña electoral, la de 1977, como una opción al margen de los partidos. De hecho, “las pelvis”, que es como se autodenominaban, estuvieron presentes en todos los grandes mítines que se celebraron en la capital balear.. Acudieron a los actos públicos de Fraga, de Carrillo, de González y de Tierno Galván y en todos exhibían su pancarta: “las mujeres no tienen partido”, lo que provocaba cierta incomodidad de las “políticas” nucleadas en torno al PCE y los partidos de su izquierda. En 1978 se constituye el Grup d’Allliberament de la Dona (GAD), vinculado e impulsado en su nacimiento, por el Moviment Comunista de les Illes, y luego la Asamblea de Dones.
El feminismo tenía mucho de provocación. Las mujeres vetaban la presencia de los hombres, incluso de su compañeros de partido, que esperaban en la puerta. Las mujeres más comprometidas de esas organizaciones políticas también volvieron sus ojos a las formas de actuar de “las radicales” y con el tiempo se tejieron lazos de complicidad.
En general, con la excepción de la antes citada profesora universitaria Esperanza Bosch (que, ya en los noventa, participó junto a otras mujeres en la creación del Lobby de Dones, una organización que pretendía recuperar lo que había sido el primer movimiento feminista, incorporando a nuevas generaciones que no habían vivido activamente la etapa de la transición), pocas mujeres han contado por escrito la historia del feminismo en Balears que, casi siempre, queda como nota a pie de página en los libros de historia.
Ninguna novedad si se tienen en cuenta que eso mismo ocurría, salvo excepeciones, con los medios de comunicación. Dejaban poco espacio para las reivindicaciones de las mujeres y cuando lo hacían, era como si estuviesen observando fenómenos paranormales.
Las referencias para seguir el activismo feminista balear en la época de la transición (al margen de reseñas ocasionales en publicaciones como Vindicación Feminista) son escasas.
Hay que mencionar a las revistas Cort y Lluc (que en el 78 editó un monográfico titulado “La dona; de la submisió a la lluita”); a un programa radiofónico –hoy inimaginable, según sus protagonistas- gestionado por el Colectivo Pelvis en Radio Mallorca, en que las mujeres contaban a micrófono abierto sus experiencias sexuales y se respondían a diversas consultas, entre otras de planificación familiar y , en tercer lugar, dos iniciativas novedosas del diario Ultima Hora de Palma.
Este diario fue el primero que brindó una sección semanal al Colectivo Pelvis y en ella se publicaron artículos como el titulado “El Orgasmo Femenino”, que generaron gran polémica. También hizo un seguimiento específico de las mujeres en las campañas electorales de 1977 y 1979. La periodista Gina Garcías, comprometida con la izquierda y el feminismo, entrevistó a todas las candidatas, a las esposas de los candidatos y a las líderes del movimiento de mujeres.
Desde sus orígenes, la lucha contra los malos tratos a las mujeres fue otro de los objetivos del feminismo. La primera referencia que dan los medios de comunicación isleños de una concentración feminista para protestar contra el asesinato de una mujer es del 6 de febrero de 1979.
Días atrás, una guía turística que vivía en S´Arenal (la playa de Palma), había aparecido muerta. Tenía 25 años, se llamaba Cornelia Magdalena Arends y, según la descripción, de la que no se ahorraban detalles, “tenía muy cerca del corazón un cuchillo clavado hasta la empuñadura. Su cuerpo estaba desnudo, atado sobre la cama, con huellas de agresión en la cara, nuca y muslos. Las piernas mostraban huellas de haber sido atadas”.
La noche del 5 de febrero, unas 300 personas, en su mayoría mujeres, recorrieron en manifestación el trayecto que separa la Paza de Cort, donde se ubica el Ayuntamiento de la capital balear y la Plaza de España, el centro neurálgico de todas las manifestaciones en aquella época y aún ahora. La convocatoria partió del GAD y se desplegaron varias pancartas, entre ellas una con el lema “no somos vaginas, somos personas”. A la convocatoria se sumaron los partidos de izquierda, el Front d’ Alliberament Gay de les Illes Balears (Fagi) y el Colectivo Pelvis. “Estamos reunidas aquí para dejar constancia de que no nos resignamos” se leyó aquella noche entre velas en una escenografía como la que años después, ya en el año 2004, seguiría reuniendo a las concentraciones en contra de los malos tratos a las mujeres y de la violencia de género. En aquella primera concentración se quemaron, además, ejemplares de la revista Interviú.
La manifestación de mujeres que más seguimiento ha tenido en Palma llegó años después y se dirigió “contra la izquierda”, concretamente contra el ayuntamiento socialista de la capital balear que en noviembre de 1985 decidió clausurar el centro de planificación familiar que había inaugurado cuatro años antes.
Después de las elecciones municipales de 1979, el consistorio había abierto un centro de “planning”, según el modelo de actuación presentado por la ginecóloga Reyes López y que recogía el concepto de salud y autoconocimiento de las feministas de Boston que adoptó en España el Colectivo Pelvis.
El “planning” figura en la memoria colectiva del feminismo de Mallorca que lo considera una revolución en la salud de las mujeres. Una dura campaña de la derecha conservadora (“las casas de putas ya tienen competencia”, llegó a escribirse en un periódico cuando se creó el centro) y enfrentamientos entre las concesionarias y el equipo de gobierno, que quería traspasar la gestión al Insalud para incluir la planificación en las consultas normales de ginecología de los centros de salud, terminaron con una decreto de cierre. Palma acogió una gran manifestación y el caso se arrastró durante años por los tribunales. La abogada Cristina Almeida llevó en nombre de las feministas la última fase del proceso.
Juan Torres Blasco (Periodista)

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