http://www.diariodemallorca.es/opinion/2012/03/10/pildora-dia-siguiente-politicos-siglo-anterior/751065.html

MIGUEL REYERO. GINECÓLOGO  En febrero pasado la ministra de Sanidad anunció que se iba a cuestionar la actual dispensación sin receta médica de la llamada “píldora del día después”. Para ello solicitaría un informe “médico y científico” a la Agencia Española del Medicamento, la Organización Médica Colegial y la Sociedad Española de Ginecología. Desde hace muchos años en los países de nuestro entorno se ha ido difundiendo esta opción de anticoncepción de emergencia. Reino Unido, Bélgica, Finlandia, Grecia, Países Bajos, Noruega, Portugal, Suecia y Suiza… ¡y ahora Irlanda!  han hecho esfuerzos para que el fármaco esté fácilmente disponible para las parejas cuando hayan tenido un coito no protegido. Sin receta. En los institutos de Francia se tiene en los botiquines de los institutos a la disposición de las alumnas que lo requieran. En la Estados Unidos, donde un efecto secundario grave de un anticonceptivo es noticia de primera página en los periódicos, la más prestigiosa y rigurosa Agencia del Medicamento, la FDA, ha declarado que “hay pruebas adecuadas y razonables, bien basadas y apoyadas científicamente de que la ´píldora del día después´ es segura para todas las mujeres que potencialmente puedan concebir… y debe ser aprobada para su uso sin receta médica… Los datos apoyan la conclusión de que las adolescentes pueden usar la píldora sin la intervención de un profesional de la salud”. Y esto, hablando de un fármaco con el que se tiene más de 30 años de experiencia y millones de utilizaciones. La OMS. (2010) informa de que “Una revisión cuidadosa de la evidencia muestra que son muy seguras para todas las mujeres, incluidas las adolescentes. Los efectos secundarios son infrecuentes y generalmente leves. Interfieren el proceso de ovulación. No pueden interrumpir un embarazo ya establecido, cualquiera que sea su definición. Pueden prevenir los abortos al reducir los embarazos no deseados. Su uso es simple y no es necesaria supervisión médica”. O sea: ni “bombas hormonales” (concepto sin la más leve base clínica, pero que ha hecho fortuna entre sus detractores; ni, en base a multitud de estudios poblacionales, fomentan el vicio entre adolescentes ni las infecciones derivadas del mismo. Peligros que no se asientan en estudio científico alguno, sino en las mentes calenturientas de los grupos de integrismo ideológico o religioso. No son “abortivas”: Federación Internacional de Ginecólogos (2011): “La inhibición o el retraso de la ovulación es el principal y posiblemente único mecanismo de acción de las píldoras del día después. El análisis de la evidencia sugiere que no pueden impedir la implantación de un huevo fecundado. Por lo que no deben incluirse referencias a la implantación en sus prospectos. No interrumpen un embarazo (cualquiera sea la definición de inicio de embarazo.) Por el contrario… pueden prevenir los abortos al reducir el número de embarazos no deseados”.
Ante esta abrumadora concordancia de las políticas de la mayoría de países de nuestro entorno y de la evidencia científica unánime de las máximas organizaciones sanitarias, pedir un informe “médico y científico” al respecto es como si, después de Newton, solicitamos un informe sobre si la tierra atrae o repele a las masas. Y solo puede obedecer a dos cosas: ignorancia (difícil de suponer a una ministra rodeada de asesores técnicos), o a un guiño político a grupos ultraconservadores. Aunque, como exponen todos los organismos mencionados, ese cuestionamiento suponga un riesgo para la salud de las mujeres.
Bueno. Pedido el informe. La muy respetable Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, nada sospechosa de veleidades “progresistas” lo ha emitido. Señora ministra: léalo en voz alta con nosotros ante las cámaras, como cuando nos contó que lo solicitaría: “Marzo 2012. La SEGO desea dejar muy claro, ante las continuas afirmaciones que aparecen en sentido contrario, de que no existe la evidencia científica de una acción directa del Levonorgestrel a nivel implantatorio. (O sea, de que sea abortivo). Que con una formación adecuada y un fácil acceso a dicho sistema anticonceptivo aumenta la seguridad de la prevención de embarazos no deseados. No existe en la actualidad evidencia objetiva de que la toma repetida, incluso a intervalos cortos, produzca efectos secundarios importantes”. Nada que sus asesores o cualquier médico bien informado no supiera. Actué en consecuencia. Señora Mato: mejore la educación sexual, pero tambien facilite el acceso sin barreras a la píldora del día después. Habrá aterrizado en este siglo, y hasta el Tea Party y las asociaciones provida, si fueran consecuentes, debieran aplaudirle con las orejas.

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