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Cada ejemplar vendido de Cincuenta sombras de Grey (Grijalbo, 2012) es un ataque a la mujer. Tanto el abuso emocional como el sexual están presentes en cada uno de los encuentros entre la pareja protagonista. Eso es lo que sostiene un estudio que analiza la intensa relación entre Christian y Anastasia. Para las investigadoras, las cuatro semanas condensadas en 544 páginas pueden ser una ficción pero la normalización social de la violencia contra la mujer que incluye es real.

Dejando a un lado las críticas a su calidad literaria, la trilogía iniciada con Cincuenta sombras de Grey es el fenómeno de lo que va de década. Fue el libro más vendido en España el año pasado y eso que su primera edición apareció en junio. Hasta febrero pasado los tres libros superaron los dos millones de ejemplares vendidos. Todo un logro para una obra de contenido erótico. El kit de juguetes sexuales basado en la relación de dominación del multimillonario Christian sobre la estudiante Anastasia se está vendiendo como rosquillas y ya se prepara la película. Hay quienes aseguran que ha mejorado la vida sexual de las mujeres. Sin embargo, la ciencia dice que todo está montado sobre una relación patológica.

“Nuestro análisis revela que Christian usa patrones de abuso interrelacionados. Acosa, intimida, aísla y humilla a Anastasia. Ejerce violencia sexual, recurriendo al alcohol y a la intimidación”, dice la experta en métodos cualitativos y dinámicas de violencia de género, Amy Bonomi. Junto a otras dos colegas especializadas en sexualidad y género de las universidades Michigan State y Ohio State (ambas de Estados Unidos) han pasado Cincuenta sombras de Grey por el tamiz de la ciencia y su conclusión, publicada en Journal of Women’s Health, es que “esos patrones de abuso concuerdan con la definición de violencia de género y sexual del Centro para la Prevención y Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos”, añade.

Portada de Journal of Women’s Health, donde se ha publicado el estudio.

Las investigadoras analizaron el libro separando el abuso emocional de la violencia sexual. El primero es el marco donde nacen los abusos sexuales de Christian sobre Anastasia. Tras repasar toda la obra y en especial los encuentros de los protagonistas por separado, las autoras del estudio sometieron sus resultados a la revisión de expertos en literatura, abusos sexuales y hasta en bondage, dominación y sadomasoquismo, es decir en BDSM. La referencia a estas formas de sexualidad alternativa es clave porque tanto la autora de Cincuenta sombras de Grey, E. L. James, como muchos de sus lectores creen que lo que hay entre Christian y Anastasia es una relación de dominación rodeada de un halo de romanticismo.

Pero Christian no es un amo ni Anastasia una sumisa. Para las investigadoras, él es un maltratador y ella una maltratada y entre ellos no hay BDSM sino maltrato. Desde la escena en la que el joven multimillonario se presenta en la ferretería donde trabaja la estudiante, Christian controla todos los aspectos de la relación usando tácticas de abuso emocional, tal como las describe el CDC. El acoso en forma de presentarse allí donde Anastasia menos se lo espera, los regalos excesivos como el Audi o la rara trilogía de libros ingleses del siglo XIX o el progresivo aislamiento de sus amigos y su madre a la que es sometida, todo encaja con el patrón de un maltratador. Hasta el recurso a su dura infancia es una estrategia emocional de Christian propia de maltratadores.

Y Anastasia encaja con el de una maltratada. “Experimenta las reacciones típicas de una mujer abusada: percepción de la amenaza, modulación de su propia conducta para evitarse problemas en la relación y pérdida de identidad”, explica Bonomi. Poco a poco, Anastasia va perdiendo el control y sientiéndose atrapada en la relación y “va mecanizando sus comportamientos en respuesta a los abusos de Christian”, añade.

De forma paralela al abuso emocional se produce el sexual. De los 13 encuentros sexuales de la pareja, todos tienen una alta carga de violencia ejercida por Christian, incluyendo el uso de alcohol, como la primera vez en su apartamento, y la intimidación, como durante toda la cena que celebran en la casa de los padres de él, y todo para someter la voluntad de Anastasia. De nuevo, las definiciones de la violencia sexual del CDC destacan el papel del alcohol y la intimidación para practicar sexo no deseado.

En el BDSM (la firma del contrato entre dominador y dominada ocupa buena parte de los encuentros entre Christian y Anastasia)  se recomienda no usar alcohol o drogas y, más importante aún, por muy extrema que sea la práctica sexual, ésta tiene lugar en el marco de unos límites pactados por las dos partes en términos de igualdad. En Cincuentas sombras de Grey no hay ese pacto entre iguales, sólo imposición por parte del hombre.

El hecho de que se trate de una novela de ficción no suaviza, según las investigadoras, la normalización que el libro hace de la violencia de género. “La cultura popular y las imágenes en los medios, reales o no, que dan glamour a la violencia contra las mujeres perpetúan un problema global real. Nuestro análisis arroja luz sobre la tolerancia de la sociedad hacia esta violencia”, sostiene Bonomi.

El final de la historia (atención, no seguir si piensa leer el libro) parece que redime a la protagonista. Tras ser azotada por Christian, Anastasia decide abandonarlo y recuperar su dignidad. Pero es una falsa liberación, en la segunda parte de la trilogía, Cincuenta sombras más oscuras, Anastasia vuelve a verlo sólo tres días después de ser azotada.

Las propias investigadoras recuerdan en su estudio que el éxito de la novela entre las mujeres está siendo enorme. Pero rechazan la idea de que suponga ninguna liberación sexual para la mujer. “Para entender porqué la novela es tan popular entre las mujeres, tendríamos que preguntárselo directamente a ellas”, concluye Bonomi.

 

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